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Refugio Don Torcuato, historia de perros y gatos
     
De perros y gatos ...
Cave canem
mascota
Desde que nos encontramos con el perro, en el flujo de la evolución, hemos ido aprovechando todas sus valiosas cualidades a lo largo de los siglos. Fue y es compañero fiel e inigualable; aliado irremplazable en la cacería; trabajador inefable con el ganado; guía y cuidador de personas discapacitadas; maravilloso colaborador en distintas terapias; eficiente e incansable rescatista en catástrofes; buscador de hongos; agente antidrogas; deportista; artista; medio de transporte; miembro de fuerzas de seguridad; modelo para investigaciones científicas y más. También lo hemos elegido para llevar a buen fin una enorme cantidad de empresas, lo usamos en la búsqueda y obtención de alimento cuando apenas comenzábamos a caminar este mundo, lo llevamos a pelear nuestras guerras y lo enviamos como adelantado a la exploración del espacio.

Todo lo ha hecho el perro con inmensa entrega y un mínimo costo para nosotros. Tan sólo necesita de nuestro afecto y cuidado. Sin embargo, como sociedad, no hemos hasta el momento reconocido adecuadamente sus enormes e innegables méritos y, peor aún, seguimos tolerando el maltrato y el abandono. Muchas de las víctimas de ese maltrato y abandono esperan en distintos refugios y protectoras. Esperan la oportunidad de demostrar que son portadores de todas las virtudes que forjaron el – resumido – currículum de su especie que reseñamos en el párrafo anterior. Esperan con el vigor que sólo otorga el mestizaje y que los hace más resistentes a muchas dolencias comparados con los animales de pura raza. Esperan, por ejemplo, para cumplir una función que histórica y eficientemente desempeñó el perro con particular afán; valientemente por sentir que defiende lo suyo y a los suyos. Insobornable y siempre alerta. Tan necesario hoy como en la antigua Pompeya, donde una leyenda, “cave canem”, desalentaba a los ladrones e intrusos porque sabían que a ese hogar, lo cuidaba un perro guardián.

Si adopta un perro no sólo va a ocupar un lugar en su familia, sino que se va a convertir en el custodio del hogar. Como escribiera Lord Byron, “… con todas las virtudes del hombre, sin sus vicios”.


Dioses y demonios
mascota
En el Valle Medio del Nilo, en Egipto, se encontraban tres campesinos realizando sus tareas en el granero cuando apareció una silueta desconocida hasta el momento en el paisaje. Bella, ágil, de mirada fascinante, igual de inquietante, como una flecha se lanzó sobre un pequeño animal, le dio muerte y se llevó su presa al mismo ignoto lugar de donde provino. Así, alrededor de 3000 años A.C., se habrían conocido los egipcios con el gato. La presa era una rata, una de las más grandes amenazas para los frutos de las cosechas - base de la economía egipcia -. Para estos agricultores no había duda, los gatos eran enviados divinos para aliviar la lucha contra el flagelo de los roedores.

Poco tardaron los gatos y los egipcios en convivir, teniendo en esta convivencia los gatos un tratamiento privilegiado. Casi todos los hogares tenían uno que cuidaban y alimentaban como a los demás miembros de la familia, incluso mejor, a cambio de la buena suerte que les significaba y el control de roedores y serpientes. Su importancia llegaba al punto que una vez muerto, se guardaba luto y los miembros de la familia se depilaban las cejas en señal de duelo. Muchos eran enviados a la “casa de la purificación” y eran allí embalsamados y colocados en sarcófagos con forma gatuna, algunos de los cuales llegaron hasta nuestros días. Y por supuesto alcanzaron la categoría de deidad. Bastet, hija de Ra, Diosa de la fecundidad, la luz, la maternidad y otros atributos deseables, era representada con cuerpo de mujer y cabeza  de gata.


Más tarde, ya en Europa, se les atribuiría la condición de seres maléficos vinculados con Satán y la suerte que corrieron en la época de la Inquisición fue totalmente opuesta a la de su esplendor en Egipto. Igual les fue a aquellas mujeres que gustaban de su compañía porque eran consideradas brujas.

Hoy, aunque de diferentes formas y por diferentes razones, los gatos siguen teniendo lugares de adoración y de condena. Ya no se los condena por superstición sustentada en la ignorancia, sino por disvalores más difíciles de revertir como la falta de respeto, la desidia, la tenencia irresponsable, la insensibilidad y la maldad que los sentencian al maltrato y al abandono. Hay también quienes adoran a su gato por infinidad de maravillosas razones que sólo pueden conocerse teniendo uno. Por eso, si decide darse la oportunidad de convivir con un gato, adopte uno de los miles que aguardan en los refugios para que un hogar más se deleite con uno de estos “pequeños dioses” a los que -por algo será -  se les tolera travesuras dignas de “pequeños demonios”.